Espacio de aprendizaje… ¿Existe uno ideal?

En el entorno pedagógico, siempre nos preguntamos si las metodologías utilizadas son correctas o si necesitamos acercarnos a una nueva visión del entorno, para conseguir un aprendizaje idóneo. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de espacio de aprendizaje?

El espacio de aprendizaje no es un lugar físico, sino el momento en el que creamos una situación educativa. En la mayoría de los casos, cuando nos referimos al aprendizaje infantil,  son los adultos los encargados de crear este espacio, donde lo más importante es la propia predisposición de uno a la hora de facilitar una situación educativa, algo que también hemos intentado reflejar en el post de: “¿Y por qué? ¡No le mates su curiosidad!”.

Lo primero que tenemos que considerar es que el aprendizaje se lleva a cabo  a través de diversas experiencias de nuestra vida diaria, es decir, todos aprendemos a lo largo de toda nuestra vida. Para aprender todos necesitamos un espacio abierto, entendiéndolo como flexible y dispuesto a las modificaciones oportunas y necesarias.

Como ya hemos hecho mención, existen multitud de situaciones cotidianas que pueden provocar una situación de enseñanza-aprendizaje, algo válido también para los adultos; nadie nace sabiéndolo todo. Por ello, no hablaremos del aula o del colegio como espacio de aprendizaje ideal, sino de espacios educativos, de crecimiento y entornos de aprendizaje.

En Madrid, existen miles de espacios de aprendizaje, como museos (Palacio Real, Museo del Prado, Museo Reina SofíaMuseo Thyssen-Bornemisza, Museo del Aire, Museo de los Bomberos, Museo Tiflológico de la ONCE, Museo del Metro, Cuartel del Conde Duque, Museo Arqueológico Nacional, Casa Museo Lope de VegaMuseo de Cera, y etc.), centros culturales (CaixaForum, Fundación Barrie, Casa de América, etc.) o parques como el Zoo Aquarium, el Parque de Faunia. ¿Os parecen pocos? 

Pues, además de estos espacios de aprendizaje, pensados para ello, existen otros que nos podemos inventar sobre la marcha, mientras estamos compartiendo un momento con nuestros hijos (viendo una película, leyendo una noticia en el periódico, memorizando los números de las matrículas de los coches, contando los segundos que dura un semáforo en verde, elaborando una receta, bajando a hacer la compra,  leyendo un libro, etc.).

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación también se pueden aplicar a estos espacios educativos. Vivimos en una sociedad donde los niños están conectados, por lo que debemos actualizar las metodologías educativas y avanzar en la misma medida que avanzan este tipo de recursos. Actualmente las nuevas tecnologías también permiten crear espacios de aprendizaje cibernéticos o tecnológicos que, seleccionados con criterio, fomentan además la interacción del niñ@ con todo tipo materiales educativos.

Ya que damos prioridad a la predisposición del adulto para crear una situación educativa, no nos sirve ningún espacio educativo, si no sabemos sacarle partido. El entorno (conjunto de actores que intervienen en la vida del niño) tiene que crear este espacio en el cual el niño pueda expresarse libremente, dar rienda suelta a su imaginación, tener iniciativa y ser responsable y reflexionar expresando sus opiniones.  Recordemos que el niñ@ tiene voz propia y que sus opiniones cuentan, por lo que es importante que tome decisiones acerca de su aprendizaje; qué, cómo, dónde y con quién quiere aprender y experimentar.

Y por cierto, ¿os suena este refrán?: “Aprendemos de todo y de todos”. Mucha gente repite este tipo de frases sin pensar realmente en su significado. No se puede obtener aprendizaje de cualquier situación o de cualquier persona. Hay situaciones que no necesitamos experimentar para obtener un aprendizaje de ello, mas no nos enseñan nada porque no tienen ningún objetivo ni valor pedagógico; el ejemplo más sencillo es cuando castigamos a un niño sin explicarle el por qué y no aportarle ninguna razón concreta más allá del “porque lo digo yo” (siempre se puede explicar: porque es mejor para ti, porque te avisé de antemano y no cumpliste con lo pactado, etc.). Si nos paramos a pensar en las personas que conocemos, ¿realmente aprendemos o hemos aprendido algo de cada una de ellas? Sinceramente, es común que las personas suelan opinar en base a “creo que” y más común aún que opinen sin estar informados; por lo tanto, no nos enseñan nada y sus opiniones carecen de valor, se quedan en eso, opiniones.

Así que para concluir este post, podemos decir que no hay espacio “ideal de aprendizaje”, sino múltiples espacios que pueden fomentarlo. No importan tanto los lugares físicos sino la predisposición del entorno a crear situaciones en las cuales se vayan a realizar labores pedagógicas. Estos “espacios” necesitan flexibilidad porque no todos los niños aprenden al mismo ritmo  ni con la misma metodología, cada persona tiene una forma de aprender y necesidades propias. Por lo que, en cuanto a espacios de aprendizaje ideal nos referimos, de alguna manera, al espacio de cada persona que viene determinado por su propia identidad y la ayuda de su entorno más cercano. 

Fotografía de Limerick6

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