Memoria: un eje clave en el aprendizaje

La memoria es una competencia del cerebro que surge como resultado de las conexiones repetitivas entre las neuronas, creando redes neuronales. Es la capacidad de un sujeto para registrar, conservar y evocar sus propias experiencias. Su utilidad va mucho más allá que el aprender a recitar datos como autómatas. 

Nuestro cerebro no posee un único espacio físico para la memoria, sino que este espacio  se extiende por varias regiones, como la corteza temporal (con los recuerdos de nuestra infancia), el hipocampo (contribuye a la formación de nuevos recuerdos de los acontecimientos experimentados y si resulta dañado provoca dificultades en la formación de nuevos recuerdos), la región central del hemisferio derecho (con el significado de las palabras), la corteza parieto-temporal (con los datos de aprendizaje) y el cerebelo (con los automatismos o comportamientos automáticos).

Desde pequeños trabajamos dos tipos de memoria, según el alcance temporal que posean: la memoria a corto plazo (sirve para mantener reciente una pequeña cantidad de información, de forma que se encuentre disponible durante un corto periodo de tiempo) y la memoria a largo plazo (almacena recuerdos por un largo periodo de tiempo, sin suponer límite alguno de capacidad o duración).

Pero, en realidad, ¿para qué necesitamos la memoria teniendo multitud de fuentes bibliográficas donde poder buscar la información que requerimos?

Aun teniendo la facilidad de acceder a todas estas fuentes de información, como libros, Internet, periódicos, etc. utilizamos la memoria para muchas labores cotidianas, como ubicarte en periodos históricos a través de fechas, hablar en un idioma extranjero, apreciar la poesía memorizando algunos poemas, solucionar problemas matemáticos a través de fórmulas memorizadas, etc.

La memoria es un concepto muy valioso en la vida del hombre, ya que nos ha permitido a lo largo del tiempo desarrollar nuestra cultura.

El filósofo griego Aristóteles dijo: “Gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia”. Y la experiencia, al fin y al cabo es aprendizaje. Todos sabemos que memoria y aprendizaje van de la mano, en la mayoría de los casos. Si bien es cierto, la memoria es una de las condiciones necesarias para que tenga lugar el aprendizaje y este, se produce justo cuando cambia el contenido de la memoria. Sin la memoria, las experiencias se perderían y el individuo no podría beneficiarse de las experiencias pasadas. La memoria, también está al servicio de la inteligencia, ya que según las experiencias vividas, podemos comparar unas con otras y, por lo tanto, pensar.

Existe una idea muy extendida acerca de la memoria; se concibe como una habilidad mágica. Por un lado, está la gente que memoriza sin esfuerzo porque tiene memoria y, por otro lado, está la gente que no tiene memoria y, en consecuencia, le cuesta mucho memorizar. Como todo lo que conlleva aprendizaje requiere un mínimo de esfuerzo, la memoria también; es algo que se trabaja desde los primeros años de vida. Por ello, esta idea de memoria mágica es errónea y debemos esforzarnos para potenciar nuestra memoria y la de nuestros hijos.

Si una persona no tiene la predisposición de poner atención a algo, la memoria no actúa. Solo lo hace si encuentra cosas atractivas o que le llamen la atención. La inteligencia de cada persona es la que escoge lo que debe o quiere memorizar, frente al bombardeo de datos que recibe nuestro cerebro, digamos que todos tenemos una memoria selectiva. La memoria es un instrumento de la inteligencia, ya que recuerda los datos que la inteligencia va a utilizar para resolver un problema.

En el entorno pedagógico a menudo nos preguntamos: “¿Cómo podemos reforzar la memoria en los niñ@s?

Partimos de dos aspectos para reforzar la memoria: el aspecto interno y el aspecto externo.

En cuanto al aspecto interno, nos referimos a las características propias de cada individuo. Esto es, que si tenemos el conocimiento de cómo funciona nuestra memoria, tendremos más facilidades a la hora de memorizar. También, si el tema nos provoca cierto interés, memorizaremos con mayor facilidad, ya que cada individuo tiene sus propios intereses en la vida y hay niños apasionados por los animales, apasionados por la ciencia, apasionados por los cómics, etc. Por ello, todos tenemos más elasticidad memorística en nuestros campos de interés. Por último, debemos tener en cuenta el aspecto emocional, puesto que cada persona es diferente y no siempre actuamos de la misma forma. El estado de ánimo, por supuesto afecta a nuestras motivaciones e intereses; por lo tanto, también afecta a nuestra predisposición memorística.

En cuanto al aspecto externo, necesitamos un ambiente relajado y agradable; la memoria es selectiva y recordamos con mayor facilidad datos que han sido memorizados en este tipo de entornos. Por ejemplo, recordaremos con mayor facilidad un concepto nuevo si lo adquirimos jugando al trivial a través de preguntas y pistas dinámicas, que en un aula tradicional, donde el protagonista es el maestro y expone oralmente dicho concepto a sus alumnos oyentes. También existen las famosas reglas nemotécnicas, que utilizamos para memorizar fechas, listas, momentos históricos, etc. Son útiles, pero no proporcionan una memoria lógica, sino una memoria, únicamente de almacenamiento.

En Pedalogía, apostamos por el aprendizaje significativo, como reflejamos en el post: “¿Qué es el aprendizaje significativo?”. Este tipo de aprendizaje se complementa con un aprendizaje memorístico y los conceptos que nos aseguran una memoria de calidad son la experiencia, la inteligencia, la predisposición, el interés, la motivación y, por último, un ambiente relajado.

Fotografía de Raúl A.-

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