¿Y por qué? ¡No le mates su curiosidad!

Una pregunta recurrente de niños y niñas es el famoso ¿Por qué? Si, esa pregunta que cuando rondan los 3-4 años se vuelve melodía de nuestro cotidiano, porque empiezan a descubrir una serie de novedades y necesitan cuestionarlo todo, tanto a nosotros mismos como a todo lo que les rodea. Si… esa pregunta que no siempre sabemos contestar y pone de manifiesto su curiosidad.

La curiosidad es una de las principales características del ser humano y una de las mayores cualidades que posee un niño. Es instintiva, natural, se basa en la observación y provoca en una persona el deseo de exploración, investigación y aprendizaje.

Los niños tienen la capacidad de amontonar preguntas, hipótesis y dudas que necesitan resolver a través de preguntas. Quieren y necesitan comprender multitud de hechos que ocurren a su alrededor. Su objetivo es saber, conocer, explorar, investigar y experimentar todo lo posible.

Aunque todos tenemos curiosidades, cada individuo posee intereses personales y no todos tienen por qué recibir la novedad de la misma manera, porque simplemente, no todos respondemos a los mismos estímulos.

La curiosidad constituye una importante dimensión de la inteligencia, ya que representa la fuente principal del deseo de saber y de las ganas de aprender. A todos nos cuesta menos aprender cuando sentimos curiosidad por algo, nos pasa a nosotros adultos, y les pasa a ellos. Por eso, cuando un niño nos plantea una pregunta, es importante sacarle partido y llevar su curiosidad a querer saber más.

Ahora bien, en la práctica, seamos sinceros, no todos nos paramos a contestar correctamente a preguntas tipo ¿Por qué el cielo es azul? ¿De dónde viene la lluvia? ¿Por qué los pájaros vuelan? En realidad, la mayoría de los adultos cometen el error de menospreciar las preguntas de los niños, bien sea respondiendo de manera superficial, o bien sea restándoles importancia. Dicho de otra manera, a veces, matamos la curiosidad de los niños por el hecho de no considerar que son personas que piensan por sí mismas.

El primer punto a tomar en cuenta cuando queremos fortalecer y ampliar su curiosidad es: ¡Escuchar y dedicarles tiempo! Es necesario que escuchemos sus preguntas y tomemos tiempo para responder. También, tenemos que asegurarnos de que han quedado satisfechos con la respuesta, cerciorémonos de aplicar las definiciones correctas, construir la discusión en base a argumentos, o poner los ejemplos correctos.

Y ya que vivimos todos con prisas y corriendo, recordemos que podemos contestar a un niño: luego te lo explico bien; siguiendo el refrán “Vísteme despacio que tengo prisa”. Evitemos contestar “Es así, porque sí”. No son idiotas, razonan y necesitan comprender y, en muchas ocasiones, será un momento donde aprenderemos todos: porque por ser adulto, uno tampoco lo tiene que saber todo.

“Si soy curioso y me enseñan a buscarlo por mí mismo, aprendo más rápido y más seguro”.  Tener un diccionario o enciclopedia a mano y al alcance, tanto nuestro como del niño, es siempre útil. Las definiciones, sinónimos, imágenes, los libros en general, siempre llevan a mirar más allá de la consulta y, en el caso de los niños, que ya saben o están en pleno aprendizaje de leer, fomentaremos su interés por la lectura.

Los hábitos siempre son buenos, pero la curiosidad nace por la visión de cosas nuevas, por lo que es bueno que se realicen cambios de rutina, tanto en casa como en las aulas. De esta manera, evitaremos que los niños se aburran y que puedan descubrir curiosidades e intereses nuevos.

También debemos incitarles a la observación, a que se hagan preguntas sobre ciertos aspectos y que, de esta forma, descubran el mundo que les rodea. Los momentos de reflexión individual a la hora de observar un suceso son muy importantes, pero son mejores si los mezclamos con momentos de reflexión colectiva. Si las preguntas que realicen en el aula o en casa son difíciles de responder en una frase, siempre se pueden convertir en proyectos de investigación divertidos para todos.

Y como no, la curiosidad es un gran recurso si la trasladamos a las aulas. Los profesionales de la enseñanza también hemos de ser capaces de facilitar a los niños un escenario en el que se sientan cómodos y compartan sus intereses con el resto de compañeros. Existen multitud de recursos que pueden ser útiles para estimular sus intereses o para animarles a averiguar más cosas, como libros, revistas o experiencias (visitas a centros culturales, museos, parques naturales, bibliotecas, etc.).

Si entre todos fomentamos el aprendizaje, basándonos en las curiosidades e intereses del niño, siempre obtendremos como resultado un aprendizaje significativo, mucho más provechoso para él y, si ponemos un poco de nuestra parte, hasta divertido para todos.

 

Fotografía de Lili Vieira de Carvalho

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